Monólogo de la aceituna ante el espejo
Esta barba de varios días es mi victoria sobre el tiempo. Puedo quedarme a su vera, sin hacer nada, ni afeitarme, ni bailar, ni hablar siquiera.
(Pasa un minuto largo, inerme)
Ahora decido comunicar mi propio lenguaje. Como un loco, un ser aislado. (Parlotea).
Pero respiro este aire. En el aire van ademanes y palabras, y su peso mueve mi lengua, aunque no quisiera. Y si lo quiero, si me decido a respirar todo este aire, inflarme como un globo, abrir los brazos y aferrarme a este cielo, si lo hago, mis pulmones notan algo extraño. Mi asma perdura, se aferra, recuerda que en su infancia comió barro de la tierra de su barrio. ¡Ay, si pudiera comer esta tierra ajena! Pero no sabe igual. Puedo decirte exactamente a qué sabe mi terruño, a qué huele cuando llueve, su aroma en verano.