abbracchiare
(del lat. abbracchiare)
tr. Ceñir con los brazos o con la mano alguna cosa. || Contener, encerrar o implicar en sí. || Alcanzar con la vista. || fig. Ceñir, rodear, comprender. || fig. Tomar uno a su cargo muchas cosas o negocios a un tiempo. || Amér. Acaparar.

Categories

Meta

Quote

La vida es un 1% lo que te ocurre y un 99% como respondes a ello.
Chuck Swindoll

Tags

Monólogo de la aceituna ante el espejo

June 11, 2008 - Ernesto Ortiz

Esta barba de varios días es mi victoria sobre el tiempo. Puedo quedarme a su vera, sin hacer nada, ni afeitarme, ni bailar, ni hablar siquiera.
(Pasa un minuto largo, inerme)

Ahora decido comunicar mi propio lenguaje. Como un loco, un ser aislado. (Parlotea).

Pero respiro este aire. En el aire van ademanes y palabras, y su peso mueve mi lengua, aunque no quisiera. Y si lo quiero, si me decido a respirar todo este aire, inflarme como un globo, abrir los brazos y aferrarme a este cielo, si lo hago, mis pulmones notan algo extraño. Mi asma perdura, se aferra, recuerda que en su infancia comió barro de la tierra de su barrio. ¡Ay, si pudiera comer esta tierra ajena! Pero no sabe igual. Puedo decirte exactamente a qué sabe mi terruño, a qué huele cuando llueve, su aroma en verano.

Hace doce días, en el descanso de la merienda, me recosté al tronco de un olivo y arañé la tierra sin que nadie me viera, la apreté bien en mi mano y me la llevé a la boca, sin pensarlo demasiado. Mastiqué rápido. En los días que siguieron repetí el procedimiento. Y debo decir que si al principio fingía ansiedad, una falsa hambre, ahora soy parsimonioso. He descubierto que puedo aproximarme a un nuevo sabor, e incluso notar algunos matices de antiguos sabores en él. También demoro más la tierra en mi mano, la sopeso, y si la huelo cuando está húmeda, bien temprano, y cierro los ojos, puedo recordar el olor de las casas de tabaco en noviembre, allá, en mi pasado.

(Al espejo) ¡Mírame! ¿Por qué entonces vuelve este sobresalto?

También tienes una barba de varios días, aunque el tiempo, que maltrata tu imagen con la misma lengua de lija con que lame a todos, el tiempo rabioso te muerde, pero no es tu enemigo. Quiero matar al tiempo, con la filosa hoja de esta navaja. Quiero rasurarlo; mofarme de él; ya que detenerlo no puedo. Pero puedo quedarme a su vera, dejar que pase, hacerme invisible, confundirme contigo. ¡Quédate quieto, espejo!
(Pasa un minuto largo, inerte)
Seamos realistas: siempre estamos de viaje, está en nuestra naturaleza. La angustia está en no poder decidir quedarse. La muerte es que tu regreso esté en otras manos.; que tu destino te sea arrebatado. Cuando no eres libre todo te es extraño, quedas exiliado irremediablemente. Y de esta manera el tiempo es la única patria viable, que no elegiste.
(Pausa. Da saltos. Baila libremente)

A esto llamaré baile. Ay, si pudiera crear un baile que fuese como el viento. Si pudiera olvidarme de cómo se camina. Aprendí a mover las caderas de este modo, desde niño: lo llevo en la sangre. Si quisiera desasirme de eso debo olvidarme de mis huesos, de los huesos de mi madre, de los muertos queridos que no he visto morir, de mis muertos. (Al espejo) ¡Ya lo sabes! Ya sabes por qué este desasosiego ha vuelto: ¡esta tierra no tiene el sabor de mis muertos! Sin muertos no hay baile, sin muertos no hay lenguaje. Sólo separación…

(Al espejo) ¿Por qué hablar tanto de la muerte? ¿Acaso no ves la vida alrededor tuyo, pendiente de tu fuego como diminutos persistentes insectos? Y aún sigues gustando de esta misma naturalidad de la existencia por la que decidiste emprender el viaje… ¿Acaso has perdido también tu alegría de niño?

Tra la rá (Gira) El niño está en la luna, luna de queso, sabrosa cuna, tra lá (Se detiene). Con un cordel ata la cola de los cometas como si tal cosa. Salta la comba, brinca, y nada le preocupa. Pertenece sólo a él y no a los límites. Si eres niño mueres de golpe. Porque estás aquí y allí, en la luna y en quien la mira: no transcurres. Siendo niño puedes morir en un instante.

Como un espejo.

Perteneces al espacio donde te colocan. Como la luna, eres sólo imagen. Reflejo. ¿No ves que me sonrío, que desbordo emoción y alegría? (Se pone serio, llora). ¿No ves que ahora mismo estoy muy triste, apesadumbrado? (Ríe, ríe). Pobre de ti, ojo de azogue: lo que ves sólo es superficie. Sin embargo, quisiera estar como tú, dispuesto y cómodo en cualquier sitio, ser de todas partes. Tener alma de árbol o de casa: son el tronco, son el pedestal, y son a la par semilla viajera y cal renovada. Llamarme Hassan, Nicole, James, Abelardo, Abderramán, Igor… quisiera.

¡Un nombre significa tanto! Lo que a uno pertenece, lo que nos es dado lleva tanto de don como de maldito. Pude llamarme Hassan, Nicole o James, pero el nombre que llevo es mi tercer hombro, mi sexto dedo, mi segunda cabeza, y giro todo mi cuerpo hacia él sólo de percibir una música similar. Soy mi nombre. Y sólo hay un lenguaje para pronunciar lo que soy. Si nadie me llama, ¿qué hago con toda la divinidad de mis sílabas? Vi por internet un performance de Saleh Hassan Faris, contaba su historia con la luna. En la luna no hay internet, no hay casi gravedad, así que uno está solo con su nombre: aunque lo grites nadie lo escucha. Pero en gritarlo con esa libertad recuperas algo. Nadie te responde: eres la luna.

Decía Hassan: Señoras y Señores, seré excesivamente franco con vosotros. (Al espejo) Ya sé que nosotros, los nuestros, no decimos “vosotros” sino “nosotros”, pero yo traduzco para este público.

Traducir, Señoras y Señores, es casi como comer tierra extraña; pero es con mayor celeridad un ejercicio vano. Hassan contaba su historia con la luna. “¿Dónde está la luna?”, se preguntaba. ¿Aquí? ¿Allá? El que traduce, Señoras y Señores, no está ni aquí ni allá, sino en alguna parte del trayecto. Y lo que es peor: fuera del trillo (ustedes dirían “camino”) que va de aquí hasta allí. Es como un árbol seco: parece que observa. No participa, realmente…

(Al espejo) ¿Puedo decir, sin que me llamen mentiroso, que somos al mismo tiempo la luna y Hassan, y todos los que en el siglo o en la noche le han cantado, con disímiles voces, con silencios? El silencio no necesita traducción. (Cae en la cuenta) ¡Ya lo sé! Sé cómo haceros saber el sabor del patio de mi infancia, comprender la leche de mi madre, gustar los murmullos de mis noches primeras…
(Pasa un minuto largo, silencioso)

Pages: 1 2

En ocurrencias y artefactos | Imprimir / Print | write a comment * comentar | read comments * leer comentarios | related articles * artículos relacionados | buy me a coffe * donación |

No hay comentarios para esta entrada aún.

Escriba un comentario

Verification Image

Type the text in the picture:

Note que está habilitada la moderación de comentarios, y algunos pueden no aceptarse. No es necesario que lo reenvíe.