abbracchiare
(del lat. abbracchiare)
tr. Ceñir con los brazos o con la mano alguna cosa. || Contener, encerrar o implicar en sí. || Alcanzar con la vista. || fig. Ceñir, rodear, comprender. || fig. Tomar uno a su cargo muchas cosas o negocios a un tiempo. || Amér. Acaparar.

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Apuntes sobre la Iglesia en la vida política cubana

September 20, 2005 - Ernesto Ortiz

La presencia de la Iglesia católica en la sociedad cubana ha configurado una parte esencial de los valores culturales de la nación. Su presencia ha sido importante no sólo por sus reclamos de justicia social o las obras caritativas realizadas, sino por la formación de la conciencia ética del pueblo. Muchos de los hombres que se enfrentaron a la dictadura batistiana iban armados con esos valores y convicciones. “Confiamos en que la pureza de nuestra intención nos traiga el favor de Dios para lograr el imperio de justicia en nuestra patria”, dejo escrito el presidente de la Federación Estudiantil Universitaria, luego de tomar la comunión, y antes de partir a las acciones que acompañaron el asalto del Palacio Presidencial, el 13 de marzo de 1957.

Inicios de la dictadura comunista

A finales de 1960, Mons. Enrique Pérez Serantes, se obligaba a recordar que “Por la Revolución se dio en esta provincia de Oriente, y todo el mundo lo sabe, cuanto había de dar” (…), “por la Revolución hemos visto los templos repletos de fieles y lo mismo las calles abarrotadas, principalmente de madres, de esposas e hijos de combatientes, que eran en su mayoría católicos, marchando en abiertas y bien conocidas manifestaciones por la causa, Rosario en mano, desafiando las amenazadoras represalias”.

En esos años iniciales, una y otra se sucedían las circulares del Arzobispo de la llamada “cuna de la Revolución”, Mons. Pérez Serantes, por cuya mediación (y otras circunstancias) habían salvado la vida Fidel Castro y otros asaltantes al Moncada. Mensajes que fueron ganando en desesperación, urgentes desde el principio, y que pretendían, según se explicitaba, discernir aquellos momentos de “confusión imperante”, alrededor “del problema del comunismo”. Tiempos de confusión que parecían estar bastante claros para la jerarquía eclesial, por mucho que intentaran dejar un espacio a la posibilidad de equivocarse al interpretar lo que se cernía sobre la patria. La contundencia de sus argumentos no deja lugar a dudas: el “enemigo está dentro”, y no hay que “dejarse impresionar por frases o promesas más o menos disimuladas o halagüeñas, siempre falaces y taimadas”.

La Iglesia intentaba hacer prevalecer su Magisterio en los cambios sociales que estaban teniendo lugar, enfrentándose a aquellos que “han llegado hasta a ordenarnos que nos confinemos a nuestros templos”. Fueron reveladores y proféticos los anuncios de estas circulares. Y en todos ellos pueden establecerse las líneas de los sucesivos documentos, homilías, encuentros o desencuentros de la Iglesia con el régimen cubano:

  • La preeminencia de la persona humana (”distinguimos entre comunismo y comunistas”, aclara Mons. Pérez Serantes),
  • La preferencia por la Doctrina Social de la Iglesia para inspirar las cuestiones sociales,
  • La defensa de la autonomía de la Iglesia cubana (”los funcionarios de Norte América no han ejercido ni una sola vez, directa o indirectamente, influencia alguna sobre Nos”),
  • La aceptación de los logros sociales de la llamada Revolución, unida a la denuncia de los males que ha traído consigo o agravado (en agosto del 60, una Circular Colectiva alababa las medidas tomadas en beneficio de los humildes, pero señalaba otros peligros);
  • La insistencia en la reconciliación, el perdón y el diálogo entre todos los cubanos (”hay mucho que hacer sin malgastar el tiempo en dividir la familia cubana”)

Es muy reveladora de la situación entre la iglesia y el gobierno cubano entonces, la Carta Abierta que envió el Episcopado al Primer Ministro Dr. Fidel Castro, el 4 de diciembre de 1960. Es un último intento por atajar recientes y graves sucesos contra los creyentes y la jerarquía católica; un resumen de todas las tropelías y estrategias para acabar con la resistencia de la Iglesia ante la traumática transformación al comunismo, el viraje de una sociedad que nunca comulgó con una ideología de la que el propio Fidel Castro, según le recuerdan los Obispos, abjura en reiteradas declaraciones; una petición para que los necesarios pasos que debe dar “el Gobierno que Ud. preside, vayan encaminados al bien de esta patria cubana, a cuyo pleno engrandecimiento hemos consagrado todos nuestros esfuerzos, sacrificios, y desvelos”.

La respuesta del entonces Primer Ministro no se hizo esperar

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