Del abandono y la euforia
La noticia estaba hoy en casi todas las portadas de los diarios nacionales. En el kiosco de una esquina de Córdoba resaltaban las gruesas letras de palabras que no podrían dejarme indiferente aunque quisiera; así que me detuve ante el parapeto de diarios y revistas, que ya habían apartado hacia el trasfondo al vendedor. “Castro abandona el poder” es el titular de El País; que me hace suponer una cierta condescendencia, cuando no halago, a una postura que no parece ser tan voluntaria como la palabra “abandono” supone. A su lado, ABC parece más realista: “La enfermedad derrota a Castro…”. Pero lo que atrapó mi atención fue las fotos que les acompañaban y que, de cierta manera, resumían dos modos de asumir esta noticia por sus implicados más directos: los propios cubanos; dos maneras igualmente trágicas aunque, a primera vista, enfrentadas.
La foto de El País mostraba una escena humilde: “una mujer come ayer en su casa de La Habana, decorada con carteles de Fidel Castro y Ernesto Ché Guevara”, totalmente a tono con el enfoque supuesto. Cualquiera que no haya vivido en Cuba y que quisiese ignorar la experiencia del totalitarismo en los países ex-comunistas de Europa, me temo que una cantidad no desdeñable de los lectores, considerará esta iconografía con cierta simpatía: la anciana negra, el pelo cano, quiere y agradece al líder, es una fidelista de fiar. Lo que no deja de ser una impresión apresurada.
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